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El Chavo y los ricos


Paola Ycaza


Veía el otro día un episodio del programa número uno de la televisión humorística, El Chavo. En este episodio el Profesor Jirafales preguntaba a sus estudiantes cómo se llamaban los animales que comen carne. Las respuestas fueron varias entre la Chilindrina y Ñoño y surgieron bromas alrededor de la palabra “carnívoros”. Pero cuando Jirafales preguntó cómo se llamaban los animales “que comen de todo”, el Chavo sin dudarlo respondió “los ricos”. Esta respuesta me dejó pensando porque está cargada de significado y creo que estas palabras explican muchas cosas.





Según Adam Smith (siglo XVIII), la riqueza es el resultado del trabajo y más específicamente de la división del trabajo. Por otro lado, la teoría económica dice que la acumulación de la riqueza es un requisito indispensable para el desarrollo económico. Eso lo sabe Don Ramón a quien, por su falta de empleo, muchas veces se le dificulta pagarle la renta al Señor Barriga. En cambio, el Profesor Jirafales, quien trabaja en “la escuelita”, siempre tiene recursos para comprarle flores a Doña Florinda. Por lo tanto, es imprescindible para una sociedad que busca la prosperidad que existan personas ricas que generen la acumulación de riqueza para emplear a Jirafales o que tengan propiedades como aquella donde vive Don Ramón.


Lamentablemente en nuestra idiosincrasia latina, el odio a los ricos es muy común. Alguna vez tuvimos un presidente que decía que votar por él era equivalente a rayar un Mercedes Benz y una presidenta de la Asamblea Nacional que decía que los pobres coman pan y los ricos, mierda. El discurso de nuestros políticos mueve fibras sensibles que exacerban el odio a los ricos y a la riqueza, explotando la lucha de clases para la obtención de votos y/o popularidad. El resultado es que el rico es visto como malo o enemigo de la sociedad y la pobreza es idealizada como virtud.


Estas ideas se reflejan en la práctica en políticas públicas como la repartición del 15% de utilidades. Estas medidas son justificadas por supuestamente afectar a los ricos pero al final del día lo que hacen es frenar el crecimiento económico y, con ello, afectar a toda la sociedad. México es uno de los pocos países junto con Ecuador en el que los empresarios, para muchos “los animales” ricos, deben repartir un porcentaje de sus utilidades a los trabajadores una vez al año. Quienes reciben ese dinero no comparten el riesgo pero sí las ganancias, lo que en la práctica hace menos atractivo invertir en México y Ecuador. Esto se traduce en menos inversión, menos Don Ramones empleados, menos propiedades y menos escuelas que den trabajo al Profesor Jirafales.


El odio a los ricos y a la riqueza parece ser parte del ADN latinoamericano y contribuye enormemente al retraso de nuestros países. Constantemente nos encontramos romantizando la pobreza y recriminando la riqueza. Ojalá entendiéramos que la acumulación de la riqueza es positiva y es la única vía segura hacia la disminución de la pobreza. Esto con el fin de que en Latinoamérica, los niños como el Chavo comprendan que los animales que comen de todo se llaman omnívoros. (O)

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