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EL FUTURO SE PIENSA HOY

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Entre la libertad y el progreso

Una ola de tristeza azota el corazón del sudeste asiático, y en cuestión de minutos, un oasis tropical se siente frío. Caminando por la ciudad veo a un hombre chino que vende cangrejos caer de rodillas, llorando. Frente a él, un hombre indio se llena de lágrimas mientras consuela a su esposa. Se escuchan Susurros solemnes en mandarin, tamil, bahasa e inglés mientras vemos pasar en procesión el ataúd del primer Primer Ministro de Singapur. Lee Kuan Yew fue una especie de George Washington en mi infancia y en la de millones de singapurenses. Fue a la vez un liberador y un opresor, el arquitecto de la prosperidad construida por un gobierno que impone estrictos controles sobre las libertades individuales y silenciaba a la oposición. Singapur- el faro brillante de prosperidad y cultura de hoy- nos plantea un desafío fundamental. Crecí rodeada de aficionados a la historia occidental. Cada año, cuando íbamos a visitar a nuestra familia en Ecuador, mi hermano y yo pasábamos horas hojeando la biblioteca de mi abuelo. Revisábamos libros que de una u otra manera representaban la cultura occidental. Desde los relatos fantásticos de Jorge Luis Borges sobre la identidad argentina hasta una copia de Los Miserables del siglo XIX, la biblioteca era un verdadero templo. Habiendo sido Criada en una tradición liberal, habría sido fácil juzgar a Singapur negativamente. Pero Singapur se negó a permitirme conclusiones faciales. Viví en una paradoja: convencida de que un pueblo no es nada sin libertad, pero admirando el progreso de una sociedad construida sobre un sistema autoritario. Eso me forzó a pensar y cuestionar. El Singapur que recuerdo no es el de una sociedad oprimida. Es el Singapur de los ciudadanos que hicieron fila durante horas, llorando, para despedir agradecidos a su fundador autoritario. Con el tiempo, he llegado a entender que Lee Kuan Yew es para Singapur lo que George Washington es para Estados Unidos y lo que Simón Bolívar es para buena parte de América Latina, todos fundadores de naciones con distintos grados de éxito. Apreciar con apertura de mente las diferencias en método y resultado nos ayuda a entender que el éxito tiene definiciones infinitas. Para Singapur, el éxito ha sido una economía en auge, de alta eficiencia y calles seguras. Para mí, una nación exitosa sigue siendo aquella que valora la libertad de sus ciudadanos por encima del poder del gobierno. La biblioteca histórica de mi abuelo encendió mi amor por la libertad, pero vivir en un país que carecía de ella lo cimentó.



Ema Ortega Aspiazu

 
 
 

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